
Batïq ha recibido para su proyecto de intercooperación para la promoción de viviendas colaborativas junto a ReBive S. Coop. Mad. una ayuda del Ayuntamiento de Madrid por importe de 9.966,99 euros con cargo a la Convocatoria de subvenciones dirigidas a la promoción y desarrollo de la economía social para la anualidad 2026 convocada por el Área de gobierno de Economía, Innovación y Hacienda.
Estas ayudas ponen en valor el trabajo realizado por las entidades de la Economía Social como motor de cambio para el bienestar de la ciudadanía.
La colaboración entre Batïq y ReBive permite dar respuesta a los proyectos de vivienda colaborativa (cohousing) desde un enfoque más amplio y multidisciplinar, con profesionales que aborden los proyectos de forma integral teniendo en cuenta diversos criterios, tales como, la accesibilidad, la intergeneracionalidad y la sostenibilidad.
De esta forma, se busca promover la construcción de nuevos modelos de vivienda adaptados a las necesidades y deseos de las personas en el contexto actual, que acojan la amplia diversidad de modelos de familia, que permitan a la población senior envejecer en sus viviendas con autonomía y calidad de vida, que favorezca las relaciones sociales y disminuya la soledad no deseada o que dé respuesta al deseo de vivir una vida más comunitaria en la que crear redes de apoyo, compartir el disfrute, repartir los cuidados de forma colectiva y reducir los recursos consumidos.
La vivienda cooperativa en cesión de uso, también conocido como cohousing o vivienda colaborativa, es un modelo de acceso a la vivienda cuya característica principal es que se mantiene la propiedad colectiva del inmueble de forma indefinida. En contraposición al modelo de vivienda tradicional, esta sociedad cooperativa, promotora de las viviendas y sin ánimo de lucro, no se disuelve tras la construcción o rehabilitación y mantiene la titularidad de estas indefinidamente y contribuye a crear un parque de vivienda social y asequible a largo plazo.
Las viviendas colaborativas se organizan en unidades habitacionales o viviendas privadas y espacios comunes en las que compartir actividades, cuidados y servicios. Se caracterizan por una puesta en valor de la vida comunitaria, la cotidianidad compartida, el fortalecimiento de los vínculos interpersonales y la creación de redes de apoyo mutuo que permitan reducir las tareas domésticas y redistribuir los cuidados. En cuanto al consumo de recursos, se priorizan soluciones más respetuosas con el medioambiente, más eficientes energéticamente y una mayor reducción de consumos.
Esta filosofía de vida grupal tiene su reflejo arquitectónico en edificios que priorizan zonas comunes frente a zonas de uso privativo, que utilizan materiales ecológicos y soluciones bioclimáticas y que son suficientemente flexibles y accesibles para cubrir las necesidades cambiantes de sus residentes a lo largo de toda una vida.
Un desafío técnico diferencial en el cohousing es el diseño para la flexibilidad espacial y la adaptabilidad temporal. Las viviendas colaborativas se proyectan bajo un principio de permanencia, lo que obliga a los arquitectos a prever cómo envejecerá la comunidad. El diseño debe integrar la accesibilidad universal de forma innata, pudiendo adaptar y eliminar cualquier barrera arquitectónica antes de que surja la necesidad.
En el plano administrativo, estos proyectos se topan con una complejidad normativa y urbanística notable en las distintas comunidades autónomas españolas. Los códigos técnicos y los planes generales de ordenación urbana (PGOU) están diseñados para el modelo binario de vivienda unifamiliar o bloque de pisos convencional. El equipo técnico debe poseer el conocimiento y tener las herramientas necesarias para encajar programas arquitectónicos singulares —donde las zonas comunes computan de manera diferente o donde se requieren licencias específicas para el modelo de cesión de uso— ante unos técnicos municipales que a menudo se enfrentan a estas tipologías por primera vez.












